Diario: crónicas de mis viajes – parte 3
Por: Sebastián Suárez Zárate
…pero será otra oportunidad cuando empiece a hablar de cuando estuve nadando con los tiburones, pero por el momento los dejo entretenidos con el tour que hice alrededor del volcán antiguo que se …y hablando de antigüedades, ¡ni se imaginan lo que vi hace unos años! Estaba en el Museo Egipcio de El Cairo visitando las tumbas de los faraones del antiguo imperio. En ese entonces yo era muy pequeño y, como todos a esa edad, no me interesaba mucho la cultura sino estar moviéndome y jugando todo el día. Como ya lo mencioné, estaba en el museo, ahí paseando, cuando entramos, mi familia y yo, a un cuarto oscuro: el ambiente estaba muy tenso y muy silencioso. Había tres estantes de vidrio grueso, de esos de seguridad tan familiares a todos los colombianos, y señales que advertían: “Prohibido hablar y tomar fotos, puede deteriorar las momias”. Pensé que había entrado a un tipo de tumba especial, pero que al fin y al cabo iba a igual a lo que ya había visto. Observé que todos miraban asombrados una urna al fondo del recinto. Como todo buen niño chismoso, me asomé rápidamente a ver que era esa cosa extraña que dejaba a los espectadores tan sorprendidos. Lo digo exactamente como lo pienso: es un recuerdo que mantengo intacto y pulcro, que siempre recordaré y que siempre podré contar. Pensé en ese instante que eran los restos de un humano mejor conservados. Era la momia de Ramsés II (para esos que no lo saben, fue el faraón egipcio más poderoso: reinó durante 66 años y vivió 90, o pues eso dicen las malas lenguas). Todavía tenía el pelo tan rojo como la piel de una manzana. Todavía me pregunto si era su color natural o fue la descomposición lo que creó semejante espectáculo. Fue asombroso. Y no sólo tenía pelo sino que era un cadáver casi perfecto ¡con uñas y todo! Pregúntenle a Claudia, la profe de química, o si no la ven, a Yuya que también sabe el porqué de este fenómeno natural tan escandaloso, pues es toda una arqueóloga sin haber estudiado todavía. Mi tarea ahora es preguntarle a una de estas dos expertas por qué sigue estando el cuerpo de Ramsés II, con más de 3.220 años, tan intacto como lo está ahora. Desde ese día quede muy interesado en los artefactos y antigüedades que, gracias al gran Ramsés, ahora aprecio con gran facilidad…y hablando de facilidades, ¡no se imaginan la facilidad que tienen los canguros para dar luz a sus crías! Fue todo un espectáculo ver cómo… |