El pasado 4 de febrero ocurrió algo que nunca antes había ocurrido en nuestro país: Millones de personas salieron a las calles de Colombia para protestar contra las FARC.
Por primera vez, todos los colombianos se unieron para enfrentarse y decirle no más a la guerrilla. En el pasado había habido varias marchas por la paz y por la liberación de los secuestrados, pero nunca antes se había visto una movilización puramente en contra de las FARC. Esta posición generó mucha controversia, algunos pensaban que la marcha debería estar enfocada a favor de algo y no en contra, pero personalmente creo que ya era hora de salir y enfrentarse a este grupo, de demostrar que el pueblo no está apoyando a los que se hacen llamar “ejército del pueblo”.
El lunes, millones de personas salieron a marchar en aproximadamente 163 ciudades del mundo para expresar su opinión y para dejar claro que Colombia está aburrida de la violencia que genera este grupo guerrillero. Desafortunadamente para algunas personas la marcha se convirtió en una oportunidad para criticar otras cosas o para exponer alguna ideología. Muchos aprovecharon para hacer propaganda política o para criticar a personajes como Chávez o Piedad Córdoba. Otros grupos no perdieron la oportunidad para hacer propaganda, como el Polo, que decidió hacer una reunión aparte de la marcha mundial, o el partido de la U que aprovechó la ocasión y la falsa idea de que esta marcha era en apoyo de Uribe para pedir la segunda reelección del presidente tan sólo cuatro días después. En algunos momentos pareció como si la marcha hubiera tomado otro rumbo y hubiera perdido su verdadero propósito. Este tipo de marchas no deben ser aprovechadas para hacer política y propaganda; estas marchas deben unir a la gente para poder lograr algo mucho más trascendente. Aunque esto se vio en varias partes de la ciudad y del mundo entero, el mensaje no se perdió totalmente. Al final del día se demostró que Colombia entera está en total desacuerdo con el modo en el que las FARC está haciendo las cosas.
Pero, ¿ahora qué sigue? Han pasado varios días y nadie sabe si a la guerrilla le importó o no la magnitud de esta marcha. Quisiéramos pensar que sí afectó en serio a los guerrilleros y que vamos a ver una desmovilización masiva de combatientes arrepentidos que quieren rehacer su vida y reintegrarse a la comunidad. Pero hay que ser realista, la marcha fue muy bonita y todo, la gente gritó, se expresó, protestó. Pero en verdad ¿de qué sirvió? ¿Cuántos secuestrados van a ser liberados? ¿Cuántos campesinos van a poder volver a su tierra para vivir como antes? ¿Van a poder todos los colombianos caminar tranquilos sin arriesgarse a pisar una mina? Son preguntas que no podemos olvidar en ningún momento. Debemos seguir protestando y luchando, claro está, pacíficamente contra la violencia en nuestro país. No sólo la violencia generada por las FARC, que aunque es gran parte del problema, no lo es todo. Debemos protestar también contra los paramilitares y todos los grupos que inundan nuestro país de sangre. Y contra los oportunistas que buscan su bien personal sobre el bien de los demás; contra los corruptos a los que no les importa que miles mueran mientras ellos viven con todas las comodidades del mundo.
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