Comité Página Web 2008 - 2009

La marcha en el colegio

El viernes 21 de noviembre, mientras leía el periódico en el revistero de la biblioteca (junto con  un grupo de estudiantes que parece estar más tiempo allí que las bibliotecarias) llegó Camila Cuberos, la cabeza de la personería, y saltando de la emoción me dijo:
-!Conseguí tres  policías rescatados en la Operación Jaque que van a venir a hablar el día de la marcha!

Desde ese momento hasta el 28 de noviembre, el día establecido por Ingrid Betancur para la marcha por la libertad, Camila no dejó de trabajar para que el viernes 28  fuera un día significativo para toda la comunidad nogalista. Ella, junto con las otras dos personeras y con las cabezas del Consejo estudiantil, se encargó de llamar al Departamento de Recursos Humanos de la Policía; de encontrar un espacio en la agenda de los ex-secuestrados y traerlos hasta el Colegio por “una trocha que ni siquiera habían visto en la selva”, como dijo el Sargento Buitrago al llegar. También se encargaron de establecer un orden del día, de hacer un video con el que todos pudiéramos reflexionar, de reunir a los estudiantes de Once para que juntos cantaran una canción. Trataron de unir a toda la comunidad para que todos juntos, como colombianos, viéramos tres ejemplos de vida y clamáramos por la libertad de los secuestrados.

A pesar de que esta marcha no tuvo tanto éxito a nivel nacional y de que en las calles del país no se vieron los enormes ríos blancos que hemos visto otras veces, en el Colegio demostramos que no es necesario marchar para pedir por la libertad. Los que consideraban que la única forma de clamar por la libertad era caminando por la Séptima y los que no creyeron que organizando un evento en el gimnasio del Colegio se podría concientizar a la comunidad, tuvieron que quedarse callados al ver semejante manifestación. En los trece años que he estado aquí, esta fue la primera vez que vi a todos sus miembros unirse por una misma causa. Fue tal el interés de la gente, que incluso los más pequeños se robaban el micrófono para hacerle preguntas a los invitados (algo que ni siquiera los más grandes hacen en “Encuentros con Colombia”). Fue tal la conmoción, que cuando el Sargento Durán dijo que volvería a vivir su cautiverio con tal de ver a Colombia en paz, los alumnos fueron quienes tomaron la iniciativa de pararse a aplaudir. Fue tal la emoción que todos los de Once, sin excepción alguna, lograron unirse para cantar una canción a la cual todo el Colegio se unió, tomándose de las manos, en una sola voz.

Lo que a muchos más nos llamó la atención de los ex-secuestrados fue su actitud frente a su cautiverio. Mientras muchos de nosotros los mirábamos con cara de pesar y tristeza, ellos se paraban con la frente en alto y nos motivaban a seguir luchando por la paz de nuestro país. Mientras muchos nos quejábamos por el examen de matemáticas, por las peleas con nuestros papás y por el horario del Colegio, ellos nos contaban, sin remordimiento, lo que había sido la vida en la selva durante diez años; lejos de sus familias, de sus amigos y de las comodidades. Mientras nosotros nos quejábamos por tener que leer un libro para clase de Español, ellos nos contaban que durante su cautiverio leían y escribían en los empaques de la crema de dientes para no olvidar éstos hábitos. Mientras los estudiantes hablamos mal de nuestros enemigos, ellos nunca hablaron mal de sus captores, en cambio, demostrando pesar por  ellos, aseguraron que son “personas analfabetas que no han tenido ningún tipo de educación y que, al no tener oportunidades de trabajo, recurren a la guerrilla.”

Creo que este acto nos enseñó en una hora mucho más de lo que podemos aprender en un año en el colegio. Tal vez no aprendimos más matemáticas ni más química, pero aprendimos algo mucho más importante y algo que nos servirá más en nuestras vidas que cualquier otra cosa: La tolerancia, el respeto y en general todos los valores que forman el camino hacia la paz de nuestro país.

                                                                                                                                  Juliana Cuéllar

 

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